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Cookin'Up

by

Rafa da Silva

De las Naranjas (… de la China), la sangre, el azahar y lo amargo de los besos

¿Conocéis la expresión «Entregar la flor»? Si, exactamente, esa que se refiere a las jóvenes doncellas que ofrecen su virginidad por primera vez al hombre deseado, de acuerdo, posiblemente la última vez que oísteis a alguien hablar así debió ser en una obra de Shakespeare  o en alguna pieza teatral del barroco español, porque si a algún zagal de los que hoy día están en edad de hacer entrega de tan especial floritura, se le ocurriera pronunciar algo así, no podría levantar la cabeza de la cantidad de collejas que recibiría. Sorprende que, el origen de estos recursos coloquiales  que usamos simplemente por repetición y sin saber muy bien su significado, tenga mucho más sentido del que creemos.

azahar
Azahar

Es el azahar, flor del naranjo, protagonista de esta frase hecha que ancla sus raíces en un antiguo ritual pagano nacido en el sudeste de Asia e importado a Europa por los comerciantes árabes a través de la ruta de la seda y que consistía en regalar ramilletes de azahar a las parejas que estaban prontas a desposarse, como muestra de virginidad y esperanza de fertilidad, ya que estos pueblos creían  que el  blanco del azahar es símbolo de pureza (según ellos, una corona de estas fragantes flores, alejaba las pasiones carnales del pensamiento) y que la naranja representa el ejemplo perfecto de fecundidad, debido a la gran cantidad de semillas que se contenían en sus gajos y la facilidad con que estas germinaban.  Era en el acto del matrimonio, cuando la chica entregaba las flores recibidas al novio ofreciéndole así, su virtud y su promesa de una sana y extensa progenie. Adoptaron los griegos esta tradición que sobrevivió hasta bien entrado siglo XIX en el continente europeo, donde llegó a extenderse la costumbre de que los ramos de boda estuvieran siempre compuestos por las blancas flores del naranjo… Con todo esto no alcanzo a entender que Kubrick se empeñara en convertir a este cítrico en una bestia mecánica sedienta de violencia y sexo… Vale, lo reconozco, os suelto todo esto simplemente como excusa para divagar sobre este frutal tan mediterráneo y su fruto: La Naranja.

A pesar de que fueron manzanas lo que Hércules robó a las Hespérides, es al producto de los árboles  del género Citrus a los que se conoce como hesperidios, particularmente a las Naranjas, este cítrico proveniente de dos variedades principales, la amarga (Citrus Aurantium) y la dulce (Citrus Sinensis), de las que más tarde, debido a su gran capacidad de hibridación natural, fueron surgiendo las trescientas subvariedades que se conocen hoy día, que como es de imaginar, no voy a enumerar aquí, lo siento esto no es la enciclopedia Larousse, aunque sí que mencionaré un detalle curioso…¡Siempre tienen once gajos!

Es el naranjo amargo, un árbol apreciado para mí, que alegra las plazas y paseos de infinidad localidades de la Axarquía donde me crié y presta todos sus matices a la  Moscatel

de Alejandría, nuestra uva por excelencia; su fruta, la naranja Cachorreña como la conocemos en el sur, es ingrediente principal,  junto con el bacalao (o incluso unas sobras de pescaito frito) , de las sopas a las que prestan su nombre, todo un tesoro de la cocina malagueña, no en vano, el valle del Guadalhorce fue, antes de que a algún iluminado de la Comisión Europea se le ocurriera la brillante idea de obligar a paralizar su producción de cítricos, uno de los primeros productores españoles de esta familia, por encima incluso de la Comunidad Valenciana. Puyitas a parte, las sopas cachorreñas, preparadas al estilo de nuestros gazpachos de invierno, es decir, ajos, pan, aceite vinagre y agua, majados y arrimados al fuego con unas tajadas de pescado,  la piel de la naranja y unos huevos escalfados, son otra muestra más de cómo la necesidad de nutrirse se convierte, a orillas del Mediterráneo, en un ejercicio de placer; ¿las mejores que he probado? Las del restaurante del mercado de  mayoristas de Vélez Málaga, regentado por los hermanos Juan y Miguel, que con mucho entusiasmo recuperan en su establecimiento recetas tradicionales de La Axarquía a unos precios de lo más atractivo, claro que es difícil que hayan mantenido esos importes con las subidas que el recibo de la luz ha sufrido (Dios salve al oligopolio eléctrico, a Rajoy y a las «democracias liberales»…  Y a sus muertos… Ups, otra puyita que se me escapa).

Es sorprendente la capacidad innata del naranjo para mutar e hibridarse de forma natural con el fin de adaptarse a diferentes ambientes, esta capacidad dio lugar a que, hace la tira de años, el Aurantium empezase a dar también frutas más dulces con semillas de las que acabaron germinando árboles de la variedad Citrus Sinensis o Naranjo Dulce, morfológicamente igual que su hermano amargo. Fue con las frutas de este último con las que, en una pequeña trattoría  de estilo siciliano que había en el Rincón de la Victoria (Málaga) donde trabajé hace tiempo, preparábamos un delicioso postre que dábamos en llamar Naranjas de la China, consistía en pelar el cítrico,  cocerlo en un almíbar especiado con canela, clavo, pimienta verde y un toque muy suave de cardamomo, una vez frías, se cortaban en láminas y se acompañaban de helado de vainilla, hojas de sándalo y virutas de piel de naranja escaldadas en el mismo jarabe que la fruta. Lo curioso de este postre es que, descubrí años después que, lo mejor no estaba en el plato, sino en un sitio que no es asunto vuestro (no te preocupes, nuestro secreto sigue a salvo)

El naranjo como si de un miembro de lo X-Men se tratara, volvió a mutar para adaptarse anaranja_sanguina_g los cambios de temperatura propios del Mediterráneo, donde se dan variaciones bruscas de la noche al día entre el otoño y el invierno y uno de las más curiosas transformaciones que este árbol puede producir de forma espontánea es, que su carne se tiña de de un color sanguíneo, a veces por completo o solo en pequeñas vetas que dan la impresión de sangrar por pequeñas heridas, esto ocurre solo en las plantas de la variedad Sinensis (dulce), aunque son frutas con un punto de acidez importante.

naranjitoNo tiene esta fruta una historia llena de anécdotas mitológicas como la manzana, si exceptuamos al gran Naranjito, mascota del mundial de fútbol España’82, y al Naranjero, fusil de asalto que portaban la mayoría de los combatientes republicanos y anarquistas durante la guerra civil española, llamado así por su lugar de fabricación, era la provincia de Valencia (que quedó en zona leal al gobierno legalmente elegido después del infame alzamiento fascista y militar…). Su relato tiene más que ver con lo humano y cercano que con lo divino, huele la naranja a joven y a fresco, a inocencia, sus flores, a primavera sureña… No, no necesita de dioses, solo manos fuertes que cuiden la tierra donde crece y que poden sus ramas con mimo, la lluvia y un clima templado se ocupan del resto. Por cierto, estamos en plena temporada, aprovechad.

Lo cierto es que de esta rutácea, hasta el nombre llama al buen perfume, su origen se encuentra en las antiguas lenguas drávidas del Subcontinente Indio, especialmente en la isla de Ceilán (Sri Lanka), donde en su idioma nativo, el tamil, se le llama nâranga, que proviene del vocablo naru, que significa fragante o perfumado. Se quedó esta denominación en casi todas las adaptaciones a las hablas de las culturas a las que fue llegando, excepto en el francés y el inglés, donde prevaleció orange del latín aurum (la aurantium fue la primera de las variedades  que conocieron los romanos).

Bueno, ahora me tocaría daros algún tipo de información que os fuera realmente útil, algo que de verdad os iluminara sobre las bondades de la Naranja, que si es muy sana, que si tiene de esto o de lo otro, ¿porque no una receta?.. Bla, bla, bla… Pues no, la verdad, no estoy por la labor.- ¿Recetas en un blog de cocina? Que ocurrencia.

Como voy a obviar la opción de convertir este blog en algo que se acerque al sentido práctico de la vida, os dejo por hoy,  no sin antes presentaros a uno de los socios de mi club particular, Facundo Cabral y su canción: No soy de aquí, ni soy de allá. Contiene este vídeo una esas frases que se te clavan para siempre:

Yo no soy la libertad, pero sí el que la provoca

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